Residencia en Apelação, Portugal (2021)
(o cómo sobrevivir a un suburbio lisboeta a base de pollo asado, marcadores POSCA y cadáveres exquisitos)
Entre junio y julio de 2021, todavía con el olor a gel hidroalcohólico pegado a las manos, terminé en una residencia artística informal en Apelação, un suburbio humilde de Lisboa donde las fachadas descascaradas conviven con ropa tendida, gatos sin prisa y un sol que no perdona. No era una residencia oficial, sino más bien una convivencia improbable: artistas de orígenes distintos, presupuestos mínimos y una energía rara que mezclaba humor, precariedad y ganas de dibujar lo que no debía dibujarse.
Compartí espacio con Iván Villalobos e Ivo Bassanti, bajo una curaduría de Carlos Cabral Nunes (Perve Galeria), que aparecía de vez en cuando para recordarnos que, de algún modo, esto terminaría en exposición. Y sí: terminó…sin saber muy bien cómo, aquellas piezas nacidas entre marcadores y platos sin lavar acabaron dialogando con obras de Cruzeiro Seixas, uno de los grandes nombres del surrealismo en Portugal.
Mi habitación era un half-studio, half-dormitorio: caballete al lado de la cama, pilas de platos que convivían con paletas secándose, restos de comida, pinceles pegajosos y marcadores que aparecían misteriosamente en todas las superficies planas.
La mesa servía para todo: dibujar, almorzar, cortar cartón, perder tapas de rotuladores, discutir qué demonios era un “neo-surrealismo” y por qué lo estábamos practicando sin querer.
La cocina: laboratorio paralelo
Entre pollos asados, improvisaciones de último minuto, cervezas a temperatura ambiente y platos que se negaban a desaparecer del fregadero, desarrollamos una especie de coreografía doméstica.
El menú era limitado pero contundente:
- pollo entero crujiente,
- carne estofada con salsas sospechosamente densas,
- café y cerveza como sistemas de lubricación creativa.
La cocina terminó pareciéndose a nuestras hojas de dibujo: caos funcional, manchas que nunca se iban del todo, utensilios en posiciones inexplicables y un olor a supervivencia.
Los dibujos: cadáveres exquisitos mutantes
Lo que empezó como un juego terminó volviéndose un pequeño monstruo colectivo. Hubo un intento de “neo-surrealismo latino-portugués”, pero mutó rápidamente en figuraciones híbridas, cuerpos imposibles, manos que no eran manos y animales que parecían salidos de un sueño febril post-pandemia: la suspensión, el desconcierto, la risa nerviosa, el aislamiento y las ganas de inventar criaturas para matar el tedio.
La exposición: Santa Maria Maior (Lisboa)
Contra todo pronóstico, el proyecto se materializó como ANTE·VISÃO / PRE·VIEW, en la Galeria Santa Maria Maior. Las paredes blancas e impecables contrastaban con el desorden de Apelação, y ver aquellas piezas colgadas con dignidad tuvo un efecto curioso: el experimento, lejos de quedar como rareza, terminó encajando sorprendentemente bien en mi proceso y abriendo caminos más intuitivos que luego profundicé en series posteriores.
Y ahí aparece la sorpresa: ver mi trabajo dialogando con artistas de mi generación bajo el paraguas surrealista de Cruzeiro Seixas, algo que fue —y sigue siendo— un honor.
Lisboa, vista desde abajo
Apelação ofrecía una Lisboa que no aparece en las guías:
ventanas remendadas, ropa suspendida como banderas cotidianas, niños corriendo, olor a comida casera y paredes que parecían contar historias mejor que nosotros.
Esa energía impregnó los dibujos: cierta ternura cruda, cierta risa resignada, cierta necesidad de fabular para seguir adelante.
¿Por qué guardar todo esto aquí?
Porque el archivo no solo es obra terminada:
también es proceso, error, convivencia, torpeza, humor, hambre, manchas de acrílico, carne a medio cocinar y amistades efímeras.
Fue un paréntesis extraño y necesario, un pie fuera de ruta que, sin proponérselo, dejó una colección de criaturas mutantes que todavía miro con cariño y desconcierto.
© Javier Felix. Todos los derechos reservados













